Un día te levantas y la habitación está llena de rayos de
sol. El cielo es azul y algunas nubes muy blancas se sientan sobre él. La
música regala notas alegres, invitándote a bailar. Y bailas. Sola. Invisible.
Sin coreografía. Divirtiéndote a primera hora de la mañana. Como si te esperase
un gran día. Uno diferente. Uno de esos para guardar, para escribir, para
dibujar. Y te pones tu mejor ropa, deseando que ayude. Y sales a la calle,
sonriendo. Pensando en lo bueno que tienes y olvidando lo peor. Agradeciendo el
calor y el aire que, de vez en cuando, te saluda. Y entonces lo sabes. Sabes
que ya es verano. Que llegó el tiempo de piscina, de playa, de leer por placer,
de fiesta, de amigos, de enamorarse. El verano de escuchar música, de dormir
sin despertador, de tomar el sol. El verano que deseabas y que te merecías.
Pero, sobretodo, un verano especial y diferente gracias a aquellas personas que
con una sonrisa, unas palabras o un abrazo hacen que cada día de tu vida sea un
día para recordar.
| Rodiles, Asturias. 7 de Febrero. |